martes, 1 de mayo de 2012

Cuenchoto

Ningún automovilista vio desbarrancarse el mini bus hacia lo profundo del valle. La oscuridad se lo tragó todo.
Tampoco vieron a las cholas descender de los cerros con velas encendidas. Son parte del paisaje.
Ellas se acercaron a uno de los accidentados que yacía con medio cuerpo afuera del vehículo.
Estaba vivo. Lo levantaron y lo llevaron en andas, boca arriba, como a un cristo con zapatillas.

Al otro día los diarios publicaron la noticia: Cae minibus a 7 km de Pisaq. Tres muertos. Un desaparecido.

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El gringo abrió los ojos. Estaba en una habitación de adobe iluminada por una vela sostenida por una chola que lo miraba con fijeza. Le dolía la cabeza.
Entró otra chola. Murmuraron en quechua..
Luego una de ellas lo miró y en español le dijo: "tú, ofrenda".

Y así fue, lo cagaron ofrendando al gringo junto a un par de cabritas para ver si llovía.
Y llovió nomás.

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